Adriano y Antínoo: La Historia de Amor Más Épica de la Antigüedad
(Y su relación con Juego de Tronos)
Si hay una historia de amor digna de recordarse en este mes de San Valentín, es la historia de Adriano, uno de los emperadores más cultos y sofisticados de Roma y Antínoo, la persona más retratada del mundo antiguo.
¿Y como sucedió esto?
Adriano fue uno de los emperadores más sofisticados y ecuánimes del mundo romano. Nació en Hispania y sucedió al emperador Trajano, mejor conocido como “Optimus prínceps”, el mejor de los príncipes. Ellos, junto a Marco Aurelio, el “emperador filósofo”, forman lo que se llama el trío de emperadores justos, ya que compartieron una filosofía de gobierno justa y racional.
Adriano, poseedor de una gran sensibilidad, quedó fascinado por la belleza y la personalidad de Antínoo, un joven de Bitinia al que llevaba en sus viajes a través del Imperio.
Desgraciadamente, en 130 d.C., el cuerpo Antínoo fue encontrado flotando en el Nilo. La versión más romántica cuenta que fue un sacrificio del propio Antínoo para favorecer la vida de Adriano.
En Memorias de Adriano, la extraordinaria novela de Marguerite Yourcenar, el emperador reflexiona sobre la posibilidad de que Antínoo, influenciado por una profecía que anunciaba la muerte cercana del Emperador, haya decidido ofrecer su vida en un acto supremo de devoción. Sin embargo, Adriano admite que los resultados de tal sacrificio no se manifestaron de manera evidente, ya que su amado no dejó nada dicho al respecto. Antes bien, llenó de nostalgia y pesar los últimos años de Adriano.
«Si el sacrificio de Antínoo había sido pesado a mi favor en alguna balanza divina, los resultados de aquel horrible don de sí mismo no se manifestaban…» nos cuenta Adriano en la novela.


La respuesta de Adriano fue la eternidad: levantó Antinópolis, la ciudad que llevaría el nombre de su amor perdido, y ordenó su divinización. Antínoo se convirtió en un dios, y su culto fue ordenado para ponerlo a la par del mismísimo Osiris, ya que el muchacho había muerto en el Nilo.


Este romance ha sido contado de muchas formas, pero ninguna tan bellamente como en la novela Memorias de Adriano. En esta obra maestra, el emperador, ya anciano, rememora su vida y su amor por Antínoo con una mezcla de pasión, tristeza y nostalgia. Es un relato sobre el poder, la belleza y la pérdida, que continúa conmoviendo a generaciones enteras de lectores.
“Las lágrimas cesaron; los dignatarios que se me acercaban no tenían ya que desviar la mirada de mi rostro, como si llorar fuera obsceno. Se reanudaron las visitas a las granjas modelo y a los canales de irrigación; poco importaba la forma en que pasara mi tiempo. Mil rumores erróneos corrían a propósito de mi desgracia; hasta en las barcas que seguían a la mía circulaban atroces historias que me avergonzaban. Yo dejaba decir; la verdad no era de las que se pueden andar gritando. A su manera, las mentiras más maliciosas eran exactas; me acusaban de haberlo sacrificado, y en cierto sentido lo había hecho”.
Si buscas en Google a Antínoo descubrirás uno de los rostros más retratados del mundo antiguo. Sus estatuas, aún hoy, nos muestran la inmortalidad de su belleza y el amor que Adriano quiso eternizar.

“Y de pronto me acordé que estábamos en el vigésimo séptimo día del mes de Atir, en el quinto día anterior a nuestras calendas de diciembre. Era el cumpleaños de Antínoo; de estar vivo, hubiera tenido ese día veinte años. Subí a bordo.La herida, cerrada prematuramente, volvía a abrirse. Grité, hundida la cara en la almohada que Euforión había deslizado bajo mi cabeza. Aquel cadáver y yo partíamos a la deriva, llevados en sentido contrario por dos corrientes del tiempo”. Cuenta Adriano, envejecido y triste.
¿Y qué tiene que ver esta historia con Juego de Tronos, la famosa serie de George R.R. Martin?
De alguna forma, siglos después, su historia sigue siendo parte de relatos épicos. Imagínate a Adriano caminando por el mismo suelo que Sansa, Jon Snow Bran, Arya y Tyrion. Cuando ves la escena de la reunión en Pozo Dragón, en realidad estás viendo las ruinas de la ciudad natal de Adriano, en Itálica, la actual Sevilla.
También, Adriano se caracterizó por asegurar los límites del imperio romano del siglo I d.c. Una de sus obras más emblemáticas es el conocido Muro de Adriano, construido para marcar la frontera norte del imperio con Britania para protegerlo de las tribus del norte, como los pictos. ¿Adivinas en qué se convirtió esto en Juego de Tronos?
Se convirtió en “El Muro”, una construcción de más de doscientos metros de altura. Y los pictos se convirtieron en los Caminantes Blancos, cuyo líder era el Caballero de la Noche.

¿Conocías esta historia de amor? ¿Qué otras historias románticas de la historia crees que deberían ser recordadas este día?
Aquí tienes el link al Museo del Prado, así Antínoo no se sentirá tan mal: www.museodelprado.es

Esta soy yo en una de mis visitas al Louvre de Abu Dhabi junto a la estatua de Adriano, de las que hay muchas más, incluyendo la que está en el museo del Prado, en Madrid.

Esta foto es del Anfiteatro de Itálica, en lo que fue la primera ciudad romana de Hispania, Itálica, que hoy puede visitarse en Santiponce, provincia de Sevilla, en España. Tomada con mi móvil.

Y aquí otra foto con mi emperador preferido en el museo de Itálica, en Santiponce, provincia de Sevilla, en España. Tomada con mi móvil.